La renuncia de Aldo Márquez a la dirigencia estatal del PAN provocó críticas de regidores y militantes en Guanajuato, quienes calificaron el momento que vive el partido como una crisis de liderazgo, pese a los intentos de la dirigencia por proyectar unidad.
La salida de Aldo Márquez de la dirigencia estatal del PAN en Guanajuato dejó al descubierto las fracturas internas que atraviesa el partido. Lejos de cerrar filas, regidores y militantes reconocieron públicamente que el instituto político enfrenta una crisis de liderazgo, una evaluación que contrasta con el discurso oficial que intenta transmitir estabilidad y cohesión.
Las críticas surgieron desde el propio panismo, donde distintos perfiles señalaron que la renuncia refleja un desgaste acumulado y la falta de conducción al interior del partido. Aunque el coordinador de los diputados panistas, Jorge Espadas, aseguró que existe unidad, las reacciones de la militancia muestran un escenario distinto, marcado por diferencias y cuestionamientos sobre el rumbo de la organización.
El caso resulta especialmente significativo porque ocurre en Guanajuato, considerado durante décadas el principal bastión electoral del PAN. Si las voces de inconformidad provienen ahora de quienes forman parte del propio partido, el problema deja de ser un señalamiento de la oposición para convertirse en un reconocimiento interno de que algo no está funcionando.
Mientras el PAN intenta minimizar la situación, la renuncia de su dirigente estatal y las críticas de sus propios militantes proyectan la imagen de un partido que enfrenta dificultades para mantener el liderazgo y la cohesión incluso en uno de sus territorios históricamente más fuertes. Cuando la crisis ya no la denuncian los adversarios, sino quienes militan en sus filas, resulta cada vez más difícil sostener el discurso de unidad.