Movimiento Ciudadano enfrenta señalamientos por permitir el crecimiento desordenado que hoy pone en peligro a miles de familias en el Área Metropolitana de Guadalajara
La crisis de los asentamientos irregulares en el Área Metropolitana de Guadalajara no es un fenómeno reciente ni aislado, pero sí es una problemática que se ha agravado notablemente bajo los gobiernos de Movimiento Ciudadano. Actualmente, más de un millón de personas viven en condiciones de alta vulnerabilidad, asentadas en zonas que carecen de infraestructura básica y que, ante cada temporal, se convierten en escenarios de desastre. Esta situación evidencia una falta de planeación urbana que ha sido ignorada durante años, permitiendo que el riesgo crezca sin control.
Cada temporada de lluvias revive escenas que parecen repetirse sin solución: calles completamente anegadas, viviendas inundadas y familias enteras tratando de rescatar lo poco que el agua no destruye. Colonias como Ojo de Agua, en San Pedro Tlaquepaque, son ejemplo claro de esta realidad. Ubicadas en zonas cercanas a cuerpos de agua como el arroyo El Seco y la presa El Chicharrón, estas comunidades enfrentan inundaciones constantes que afectan directamente su patrimonio y su calidad de vida.
El problema no sólo radica en la ubicación de estos asentamientos, sino en la omisión de las autoridades para regular y atender su crecimiento. De acuerdo con datos del Instituto de Planeación y Gestión del Desarrollo del Área Metropolitana de Guadalajara, cerca del 24% de la población vive en asentamientos irregulares, muchos de ellos en condiciones precarias y con alto riesgo de inundación. Este dato refleja una realidad preocupante: casi una cuarta parte de la población está expuesta a perderlo todo ante cualquier fenómeno climático.
Además, el 34% de la superficie ocupada por estos asentamientos presenta susceptibilidad a inundaciones, particularmente en municipios como Zapopan, Tlaquepaque y Tlajomulco. Estas zonas no sólo carecen de infraestructura hidráulica adecuada, sino que en muchos casos invaden cauces naturales, alterando el flujo del agua y aumentando la probabilidad de desbordamientos. La falta de intervención oportuna ha permitido que este problema se convierta en una crisis estructural.
El trasfondo de esta situación apunta directamente a una gestión gubernamental que ha priorizado otros intereses por encima de la seguridad de la población. Bajo la administración de Movimiento Ciudadano, el crecimiento urbano ha sido permisivo y desordenado, dejando de lado políticas públicas eficaces que garanticen vivienda digna y segura. Esta falta de acción ha contribuido a que miles de familias enfrenten año con año el mismo riesgo, sin soluciones de fondo.
Lo que ocurre en Guadalajara es reflejo de un modelo de gobierno que ha fallado en su responsabilidad más básica: proteger a sus ciudadanos. Mientras no se implementen estrategias reales de ordenamiento territorial y atención a la vivienda, la historia seguirá repitiéndose. En este contexto, las lluvias dejan de ser un fenómeno natural para convertirse en el detonante de tragedias que pudieron haberse evitado.