Layda Sansores fue señalada por regalar accesos VIP para un concierto de BTS. El caso generó polémica en medio de problemas de electricidad en Campeche. Colaboradores cercanos cubrirían hospedaje y transporte. La situación revive críticas por frivolidad y desconexión social en Morena.
Layda Sansores volvió a colocarse en el centro de la polémica luego de que se difundiera que desde su entorno se promovieron boletos VIP para un concierto de BTS, incluyendo hospedaje y transporte cubiertos por colaboradores cercanos a su grupo político, justo en momentos donde Campeche enfrenta problemas constantes de suministro eléctrico y crecientes reclamos ciudadanos por servicios básicos deficientes. La imagen de un gobierno organizando dinámicas de espectáculo y privilegio mientras miles de familias lidian con apagones y fallas cotidianas terminó detonando críticas por frivolidad y desconexión social.
El caso generó todavía más molestia porque quienes cubrirían los gastos del viaje serían Pablo Gutiérrez Lazarus y Esteban Hinojosa Rebolledo, perfiles cercanos a Layda Sansores y vinculados políticamente con el proyecto morenista en Campeche. La situación alimentó cuestionamientos sobre el uso político de este tipo de dinámicas, particularmente porque ocurre en un contexto donde el estado enfrenta problemas reales relacionados con infraestructura, servicios públicos y condiciones económicas que afectan directamente a la población. Mientras ciudadanos reclaman soluciones, desde el poder parecen priorizar estrategias de promoción personal y espectáculo mediático.
La contradicción golpea directamente el discurso de austeridad y cercanía con el pueblo que Morena ha utilizado durante años como bandera política. Layda Sansores ha insistido repetidamente en que Campeche enfrenta dificultades financieras y limitaciones presupuestarias, pero episodios como este fortalecen la percepción de que el gobierno mantiene una lógica de privilegios y propaganda mientras los problemas estructurales continúan sin resolverse. El contraste entre apagones y boletos VIP terminó convirtiéndose en símbolo perfecto de esa desconexión.
Además, el episodio revive una crítica cada vez más constante hacia algunos gobiernos de Morena: la política convertida en espectáculo permanente. Mientras crecen problemas relacionados con seguridad, servicios públicos o infraestructura, muchos funcionarios parecen más concentrados en redes sociales, dinámicas virales y construcción de imagen pública que en atender las necesidades cotidianas de la ciudadanía. En Campeche, la percepción comienza a consolidarse peligrosamente: mientras la gente enfrenta apagones y carencias, el poder político sigue funcionando bajo la lógica del show, los privilegios y la promoción personal.