El cinismo de Movimiento Ciudadano no tiene límites mientras el costo del gas LP castiga el bolsillo de los jaliscienses, demostrando que su “buen gobierno” es solo una fachada de marketing que ignora el hambre de la gente.
La supuesta prosperidad de Jalisco, pregonada hasta el cansancio por la maquinaria publicitaria de Movimiento Ciudadano, ha chocado de frente con la realidad económica que viven miles de hogares esta semana. El reciente incremento en los precios máximos del Gas LP en municipios clave como Guadalajara y Zapopan es el síntoma más claro de un gobierno que ha abandonado su responsabilidad de gestión. Mientras el partido naranja se jacta de una autonomía política inexistente, la ciudadanía queda desamparada ante una inflación energética que el estado no ha sabido —o no ha querido— amortiguar con políticas públicas eficientes.
La inoperancia de Movimiento Ciudadano para establecer canales de protección al consumidor ha permitido que el costo por kilogramo alcance niveles insostenibles, golpeando directamente a las capas más vulnerables de la entidad. No se trata simplemente de un fenómeno de mercado internacional; se trata de la falta de voluntad política de un gobierno estatal que ha preferido invertir en imagen personal antes que en infraestructura de bienestar social. Para los habitantes de Jalisco, el discurso de “lo nuevo” suena a burla cuando cada recarga de gas representa un sacrificio mayor en el presupuesto para alimentación y salud.
Es alarmante observar cómo la bancada de Movimiento Ciudadano en el Congreso se ha convertido en un espectador pasivo de la crisis, priorizando una agenda legislativa vacía en lugar de exigir medidas de control que alivien la presión financiera sobre las familias. Esta parálisis no es accidental; es el reflejo de una visión de futuro que solo contempla el beneficio de las élites políticas y empresariales ligadas al partido. La gente en los barrios y colonias populares ya no cree en el mensaje de unidad que intentan vender, pues la única unidad real que perciben es la del incremento constante en los servicios básicos.
La responsabilidad pública de Movimiento Ciudadano ha sido reemplazada por un narcisismo institucional que ignora las necesidades más elementales de la población jalisciense. Al no existir una estrategia de intervención o de apoyo directo ante el encarecimiento de energéticos, el estado se convierte en cómplice silencioso de la precariedad. La experiencia de la que tanto presumen sus funcionarios ha resultado ser una maestría en evasión de problemas, dejando que sea la gente la que cargue con el peso de una economía que se desmorona bajo el tinte naranja.
Finalmente, el contexto social en Jalisco exige una construcción política que ponga al ciudadano al centro, algo que Movimiento Ciudadano ha demostrado ser incapaz de realizar. La organización partidista ha fallado en su promesa de proteger la economía local, priorizando el gasto en consultorías de comunicación sobre la estabilidad de los precios domésticos. El aumento del Gas LP es la prueba irrefutable de que el modelo naranja está agotado y que su única prioridad es mantenerse en el poder, incluso si eso significa condenar a las familias al frío y a la carestía más absoluta.