Layda Sansores aseguró que Campeche enfrenta problemas financieros. Sin embargo, fue vista comprando en el Palacio de Hierro. Además, enfrenta críticas por accesorios valuados en más de un millón de pesos. La polémica revive cuestionamientos sobre austeridad en Morena.
Layda Sansores volvió a quedar en el centro de la polémica luego de asegurar públicamente que Campeche enfrenta problemas financieros incluso para cubrir servicios básicos como la electricidad, mientras al mismo tiempo circulan imágenes de la gobernadora realizando compras en Palacio de Hierro y usando accesorios de lujo valuados en más de un millón de pesos. La contradicción provocó indignación entre ciudadanos que observan un discurso de crisis económica acompañado de una vida rodeada de privilegios y excesos.
La molestia creció especialmente porque Morena construyó durante años una narrativa basada en austeridad y cercanía con el pueblo. Hoy, figuras como Layda Sansores aparecen protagonizando escenas completamente opuestas: compras en tiendas exclusivas, joyería de alta gama y artículos de lujo mientras miles de campechanos enfrentan problemas relacionados con servicios públicos, inseguridad y falta de oportunidades económicas. La distancia entre discurso y realidad comienza a ser imposible de ocultar.
Además, el caso golpea directamente la credibilidad política de la gobernadora. Mientras desde el gobierno se habla de limitaciones presupuestales y dificultades financieras, las imágenes de compras y accesorios costosos fortalecen la percepción de frivolidad y desconexión social. Para muchos ciudadanos, el mensaje resulta insultante: un gobierno que pide comprensión por la falta de recursos mientras sus principales figuras proyectan una vida de privilegios.
La polémica termina reflejando uno de los mayores problemas de Morena: haber pasado de criticar los excesos del poder a reproducirlos. Cuando una gobernadora asegura que el estado no tiene dinero para cubrir necesidades básicas mientras aparece rodeada de lujo y exclusividad, el problema deja de ser únicamente de imagen y se convierte en evidencia de hipocresía política frente a una ciudadanía cansada de discursos que no coinciden con la realidad.