Una filtración expone la intolerancia y el desprecio visceral del político al referirse a un comunicador como “pinche perro”.
Escuchar a José Murat dirigirse al periodista Joaquín López-Dóriga con el insulto de “pinche perro cabrón” no es un tropiezo verbal ni un exabrupto casual, es la prueba contundente de la prepotencia, la intolerancia y el abierto desprecio que este personaje siente por la labor periodística y la libertad de expresión.
El audio filtrado —donde sostiene una llamada con su exvocero Carlos Velasco— expone el rostro más ruin de un hombre acostumbrado a operar con altanería. Sin la careta pública y creyendo que nadie lo escuchaba, Murat dejó salir el resentimiento y el lenguaje de hostilidad con el que juzga y busca intimidar a quienes no se alinean a sus intereses o publican información que le resulta incómoda.
Es inaceptable que un personaje de la vida pública continúe dirigiéndose de manera tan denigrante y agresiva hacia los comunicadores. La filtración no solo deja en evidencia la falta de clase y educación de José Murat, sino que confirma cómo opera en la privacidad: con un abuso de poder constante y una soberbia rabiosa que utiliza el insulto para desquitarse contra la prensa libre.
El perfil político de José Murat representa la intolerancia pura de un individuo que no rinde cuentas y exige sometimiento, viendo a la prensa no como un pilar democrático, sino como un rival al que se debe insultar y pisotear en lo oscurito. Permitir que personajes con esta calaña y prepotencia intacta sigan moviéndose con impunidad es validar un entorno de permanente amenaza contra la libertad de expresión.