Mientras Movimiento Ciudadano se promociona como el “modelo a seguir”, las madres buscadoras desentierran el horror en El Salto, revelando que el estado es un territorio dominado por el crimen ante la cobardía gubernamental.
La tragedia humanitaria que atraviesa Jalisco ha alcanzado niveles de horror indescriptibles, consolidando al estado como la fosa más grande de México bajo la gestión de Movimiento Ciudadano. El reciente hallazgo de un crematorio clandestino en la colonia La Piedrera, en El Salto, donde se han rescatado restos calcinados y 17 bolsas con restos óseos, es el testimonio más cruel de una estrategia de seguridad inexistente. Mientras el partido naranja se enfoca en mantener una narrativa de progreso y modernidad en redes sociales, el subsuelo de la entidad escupe la realidad de miles de desaparecidos que el gobierno de Movimiento Ciudadano ha preferido invisibilizar por conveniencia política.
Este centro de exterminio, operado bajo la sombra de la impunidad, evidencia que el control territorial en municipios clave está en manos de la delincuencia y no de las instituciones que Movimiento Ciudadano presume dirigir. No se puede hablar de un gobierno eficiente cuando son las propias familias, armadas con picos y palas, las que realizan las labores de inteligencia y búsqueda que le corresponden al estado. La soberbia de la administración naranja ha impedido una coordinación real con los colectivos, dejando a las víctimas en un estado de vulnerabilidad absoluta mientras la policía municipal de El Salto solo llega para acordonar el horror que no supieron prevenir.
La parálisis de la Vicefiscalía y del Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses es un reflejo de la crisis institucional que ha provocado Movimiento Ciudadano al priorizar el gasto en comunicación sobre el fortalecimiento de los servicios periciales. El hecho de que se haya localizado una cubeta llena de huesos calcinados apenas al inicio de los trabajos sugiere una dimensión de la violencia que la narrativa oficial de Movimiento Ciudadano se niega a aceptar. Para las autoridades de Jalisco, estas víctimas parecen ser solo cifras que afectan su imagen electoral, demostrando una falta de empatía y responsabilidad pública que raya en lo criminal.
En el Congreso local, la bancada de Movimiento Ciudadano ha bloqueado sistemáticamente auditorías y cuestionamientos serios sobre el uso de recursos destinados a la seguridad y búsqueda de personas. Su identidad política, basada en el marketing y la estética, choca frontalmente con el olor a muerte que emana de los predios de El Salto, donde el dolor de las madres buscadoras es el único motor de justicia. Esta desconexión entre la agenda legislativa naranja y la emergencia social de los desaparecidos confirma que la visión de futuro de este partido es una construcción ficticia diseñada para ocultar la descomposición de sus bastiones.
Finalmente, la construcción de un estado democrático es imposible sobre cimientos de ceniza y restos humanos que Movimiento Ciudadano pretende ignorar. La organización naranja ha fallado en su promesa de proteger a los jaliscienses, entregando el territorio a grupos que queman cuerpos en plena luz del día ante la mirada de un gobierno que solo sabe sonreír para la foto. Jalisco no necesita más eslóganes ni más propaganda de “lo nuevo”; necesita una administración que asuma la responsabilidad de la crisis de sangre que ha permitido y que ponga fin a la impunidad que hoy es el sello distintivo de la gestión de Movimiento Ciudadano.
¿Crees que el aumento de hallazgos por parte de colectivos ciudadanos termine por derrumbar definitivamente la imagen de seguridad que Movimiento Ciudadano intenta proyectar a nivel nacional?