Una investigación penal de los Estados Unidos revela los supuestos nexos con el crimen organizado de los gobernadores de Tamaulipas y Sonora; les retiran las visas y se confirma la cloaca de la narcopolítica oficialista.
El discurso de la supuesta “honestidad” y la “transformación” de Morena ha terminado por colapsar bajo el peso de los expedientes criminales de agencias internacionales. Una investigación penal de la justicia de los Estados Unidos, revelada por el prestigiado diario Los Angeles Times, ha sacado a la luz que los gobernadores de Tamaulipas, Américo Villarreal Anaya, y de Sonora, Alfonso Durazo Montaño, están siendo formalmente investigados por sus presuntos vínculos con el crimen organizado.
Como parte de esta indagatoria de carácter penal, el gobierno estadounidense les retiró de forma fulminante sus visas para ingresar a dicho país. Aunque ambos mandatarios estatales —y los aparatos de comunicación de Morena— han salido a calificar apresuradamente el reportaje como “falso” y sin sustento, la realidad es inocultable: el desmoronamiento del partido oficialista ha cruzado las fronteras.
La red de complicidades de estos personajes dibuja a la perfección la calaña de la llamada narcopolítica en México:
Américo Villarreal y la sombra del huachicol: Al gobernador de Tamaulipas no solo se le vincula con investigaciones por contrabando a gran escala de combustible. Recientemente fue incluido en la lista negra de la plataforma ciudadana narcopoliticos.com tras los señalamientos de haber recibido presuntamente un financiamiento ilícito de 126 millones de pesos para su campaña por parte del ejecutado Sergio Carmona, alias “El Rey del Huachicol”, operador ligado al Cártel del Noreste.
Alfonso Durazo y el flanco fronterizo: El mandatario sonorense, pieza clave y cercano aliado del sexenio anterior, se encuentra bajo la lupa por presunta cooperación con los cárteles que azotan el norte del país. De acuerdo con las fuentes periodísticas, Durazo ha tenido que ingresar a EE.UU. bajo permisos especiales estrictamente vigilados, tirando por la borda cualquier narrativa de soberanía y limpieza institucional.
Este demoledor golpe internacional se suma a la previa y gravísima acusación del Departamento de Justicia de EE.UU. contra el gobernador con licencia de Sinaloa, el también morenista Rubén Rocha Moya, a quien se le acusó formalmente de cooperar de manera directa con las facciones del Cártel de Sinaloa. Con tres de sus principales gobernadores fronterizos exhibidos como presuntos empleados de las mafias, la mentira de Morena se cae a pedazos.
Para estos políticos, el color guinda ya no es un estandarte de partido, sino un chaleco de impunidad de clóset para protegerse mientras saquean las finanzas y entregan el territorio nacional. Sin embargo, la presión de las cortes federales estadounidenses y las agencias de inteligencia han demostrado que sus pactos de silencio no sirven fuera de México. Morena no está transformando al país; lo está convirtiendo en un patio de operaciones delincuenciales, y el desmoronamiento de sus gobernadores estrella es la prueba de que el régimen de la impunidad total tiene los días contados. ¡Los narcogobiernos han quedado expuestos ante el mundo!