Un operativo desmanteló un centro de reclutamiento forzado del crimen organizado en Zapopan, donde detuvieron a seis personas y decomisaron armamento, evidenciando que mientras el gobierno de Movimiento Ciudadano presume tranquilidad, el narco secuestra y adiestra personas en la Zona Metropolitana de Guadalajara.
Lo sucedido en la comunidad de San Francisco de Ixcatán sobrepasa cualquier límite de la tolerancia ciudadana y desnuda la vulnerabilidad que se vive diariamente en Jalisco. En pleno corazón de la Zona Metropolitana de Guadalajara, el Ejército Mexicano tuvo que intervenir para asegurar un predio utilizado presuntamente como centro de entrenamiento y reclutamiento forzado, deteniendo a seis personas cargadas con arsenal, vehículos y equipo táctico de alto impacto.
Resulta aterrador e incomprensible que estructuras delictivas de este calibre operen a escasos minutos de la mancha urbana sin que los radares de inteligencia del gobierno de Movimiento Ciudadano hayan detectado el ir y venir de camionetas, armas y personas privadas de su libertad. La recurrente pasividad de las corporaciones locales obliga una vez más a las fuerzas federales a asumir las tareas críticas de rastreo y neutralización en territorio jalisciense.
Mientras los discursos de las autoridades estatales intentan desviar la atención hacia temas secundarios y cifras maquilladas, la realidad le estalla en la cara a las familias que sufren el flagelo de las desapariciones. Que el crimen organizado monte campos de leva para adiestrar a la fuerza a ciudadanos inocentes deja al descubierto el nivel de penetración territorial de los grupos armados y el estado de indefensión total en el que Movimiento Ciudadano tiene sumergida a la entidad.
El hallazgo de Ixcatán confirma que la crisis de seguridad en Jalisco no es una percepción mediática, sino un drama humano sostenido por la ineficiencia gubernamental. Cada rancho de adiestramiento que se descubre por acción de las fuerzas armadas expone el fracaso del proyecto naranja en prevención y justicia, confirmando que la seguridad del electorado fue sacrificada a cambio de una narrativa oficialista que hace mucho tiempo dejó de sostenerse.