La llegada del general Sinuhé Téllez como nuevo titular de Seguridad Pública en Sinaloa confirma la militarización total de la estrategia en el estado. Con tres mandos militares consecutivos en el cargo, se evidencia la falta de resultados del gobierno local frente a una violencia que no cede.
La designación del general brigadier Sinuhé Téllez como nuevo titular de la Secretaría de Seguridad Pública en Sinaloa no representa un cambio de rumbo, sino la continuidad de una estrategia que ha dejado más dudas que resultados. Con este nombramiento, el estado suma ya tres mandos militares consecutivos en el área de seguridad, tras los relevos de Óscar Rentería y Gerardo Mérida, en un contexto donde la violencia sigue siendo una constante en la vida diaria de las y los sinaloenses.
Lejos de reflejar una estrategia sólida, estos constantes cambios evidencian la falta de una política efectiva que logre contener la crisis de seguridad. Sinaloa continúa enfrentando homicidios, desapariciones y enfrentamientos que mantienen a la población en un estado permanente de incertidumbre, mientras las autoridades parecen apostar únicamente por el relevo de perfiles sin modificar el fondo del problema.
La presencia reiterada de mandos militares también deja ver el control que el Gabinete de Seguridad Federal ha asumido sobre la entidad. Figuras como Omar García Harfuch, Luis Cresencio Sandoval Trevilla y otros integrantes de la estructura federal han concentrado la toma de decisiones, desplazando en la práctica al gobierno estatal y evidenciando su incapacidad para hacer frente a la crisis por sí mismo.
Este esquema ha generado cuestionamientos sobre la efectividad de la militarización como respuesta a la inseguridad, especialmente cuando los resultados no muestran mejoras sostenidas. La estrategia parece centrarse en la contención reactiva, sin atender las causas estructurales que alimentan la violencia en el estado, como la operación del crimen organizado, la impunidad y la falta de fortalecimiento institucional.
Mientras tanto, la ciudadanía continúa enfrentando las consecuencias de una crisis que no da tregua. Comerciantes, familias y comunidades enteras viven bajo el impacto de la inseguridad, en un escenario donde los cambios de nombre en la Secretaría no se traducen en mayor tranquilidad ni en mejores condiciones de vida.
La situación en Sinaloa deja claro que el problema no es solo quién encabeza la seguridad, sino la ausencia de una estrategia integral que priorice resultados reales. Sin coordinación efectiva, sin fortalecimiento de las instituciones locales y sin una ruta clara, la violencia seguirá marcando el día a día en el estado, sin importar cuántos relevos se realicen.