Revocación a modo: Morena fabrica un “triunfo” con cifras opacas y sistemas caídos en Oaxaca

El supuesto “triunfo” del gobernador Salomón Jara Cruz, de Morena, en la jornada de revocación de mandato en Oaxaca nace envuelto en opacidad, desconfianza y una profunda sospecha de manipulación política. Lejos de tratarse de un ejercicio democrático ejemplar, el proceso estuvo marcado por números autoproclamados por el propio gobierno morenista, sin actas públicas visibles, sin conteos rápidos verificables y sin mecanismos independientes que avalen la veracidad de los resultados difundidos desde Palacio de Gobierno.

La narrativa oficial presume una ventaja de 21 puntos y una participación cercana al 20% de la lista nominal, pero no existen evidencias técnicas claras, transparentes y accesibles que respalden esas cifras. La falta de actas públicas, sumada a la ausencia de un conteo rápido confiable, deja un vacío informativo que solo alimenta la sospecha de que los números fueron construidos para legitimar políticamente al gobernador, no para reflejar la voluntad ciudadana real.

A este escenario se suma un hecho alarmante: la “caída” de los sistemas de registro durante la jornada, lo que evidencia que no existió una plataforma tecnológica sólida ni confiable para procesar la información. Esta falla técnica abrió la puerta a un manejo manual de los resultados, un método arcaico y altamente vulnerable a la manipulación, que permitió ajustar las cifras a conveniencia del poder estatal, bajo un manto de opacidad total.

Mientras el gobierno presume legitimidad renovada, Oaxaca enfrenta una grave crisis en el sistema de salud, carreteras destrozadas, comunidades incomunicadas y servicios públicos colapsados. Sin embargo, millones de pesos fueron destinados a una consulta cuestionada, diseñada más para lavar la imagen del gobernador que para escuchar auténticamente a la ciudadanía. La revocación se convirtió así en una herramienta propagandística, no en un mecanismo democrático.

La percepción en las calles es clara: ya no lo quieren. La falta de participación masiva, el escepticismo social y el hartazgo frente a los malos resultados del gobierno contrastan con la narrativa triunfalista oficial. Lo ocurrido en Oaxaca no fortalece la democracia; la debilita. La jornada deja más dudas que certezas y confirma que Morena prefiere fabricar legitimidad desde el poder que ganarla con resultados reales.