Narcopolítica en Tequila: El alcalde que gobernaba bajo el mando del “Mencho”

Bajo el cobijo de Morena, Diego Rivera Navarro convirtió al Ayuntamiento de Tequila en un centro de operaciones del CJNG; las investigaciones federales revelan una red de extorsión, secuestro y desvío de recursos que servía para entregar hasta 40 millones de pesos anuales a Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”.

La detención de Diego Rivera Navarro, exalcalde de Tequila, Jalisco, ha destapado uno de los casos más cínicos de colusión entre el poder político y el narcotráfico. Según las indagatorias de la Fiscalía General de la República (FGR), Rivera Navarro no solo tenía vínculos con el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), sino que se asumía abiertamente como un subordinado de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, a quien se refería como “el patrón”. Esta subordinación no era meramente simbólica: se estima que el morenista entregaba aproximadamente 40 millones de pesos anuales al cártel, dinero extraído directamente del erario y de una red de extorsión institucionalizada.

Para operar este esquema, Rivera conformó un “gabinete del crimen” dentro del Ayuntamiento, encargado de ejecutar las tareas más oscuras del cártel. Figuras clave como Diego López Ibarra, jefe de Gabinete, y Julio César Limón Trigueros, tesorero municipal (actualmente prófugos), eran los encargados de coordinar el cobro de piso, extorsiones a empresarios tequileros y hasta “levantones”. La estructura municipal funcionaba como una sucursal del CJNG, donde el Director de Seguridad Pública, Juan Manuel Pérez Sosa, y el de Obras Públicas, Isaac Carbajal Villaseñor, utilizaban sus cargos para facilitar las operaciones delictivas y desviar recursos públicos hacia la organización criminal.

El nivel de violencia ejercido para mantener el control político fue extremo. La FGR acusa a Diego “N” y su equipo de haber secuestrado a dos aspirantes de su propio partido (Morena) en 2021: Guillermo Cordero García y Julio Alejandro García Gutiérrez. El objetivo del secuestro fue brutalmente simple: obligarlos mediante amenazas y violencia a renunciar a sus candidaturas municipales para despejarle el camino a Rivera Navarro, asegurando así que el control de Tequila quedara en manos de quienes ya habían pactado con “El Mencho”.

Este caso, enmarcado en la Operación Enjambre, es una muestra del cáncer que carcome a los gobiernos municipales. Mientras la presidenta Claudia Sheinbaum advierte que “Morena no es paraguas para delinquir”, la realidad en Tequila muestra que el partido sirvió de plataforma para que un subordinado del CJNG tomara el poder. La caída de Diego Rivera Navarro no es solo la detención de un funcionario corrupto; es la exposición de un modelo de narcopolítica donde el alcalde es un empleado más del narco y el presupuesto público es la caja chica de los cárteles.