Morena intenta cerrar el caso con opacidad, culpar al maquinista y encubrir una cadena de negligencias que pone en riesgo vidas.
El gobierno de Morena volvió a exhibir su rostro más oscuro tras el descarrilamiento del tren interoceánico, al presentar un informe tardío, opaco y sin posibilidad de cuestionamiento, cuyo único objetivo fue lavarse las manos y fabricar un culpable: el maquinista. A un mes del accidente, las autoridades encabezadas por Ernestina Godoy ofrecieron un reporte sin reporteros, sin preguntas y sin transparencia, confirmando que la verdad estorba cuando incomoda al poder.
La ausencia total de medios de comunicación y el blindaje informativo dejaron claro que Morena no quería rendir cuentas, sino imponer una versión oficial cerrada, diseñada para proteger a las autoridades responsables de la operación y supervisión del proyecto. No se permitió ningún cuestionamiento, ninguna repregunta, ninguna aclaración. La consigna fue clara: controlar la narrativa y cerrar el caso.
Más grave aún es que no se explicó por qué no se activó ninguna alerta durante el trayecto que recorrió el tren antes del accidente. Si existían sistemas de monitoreo, protocolos de seguridad y supervisión técnica, ¿por qué no funcionaron? ¿Quién debía vigilar? ¿Quién falló? Estas preguntas fundamentales fueron convenientemente omitidas. Morena prefirió señalar al eslabón más débil antes que asumir su propia responsabilidad institucional.
El señalamiento contra el maquinista ocurre además en un contexto alarmante: no es el primer accidente, ni el primero que intenta minimizarse. El proyecto interoceánico ha acumulado incidentes, fallas técnicas y cuestionamientos, pero el gobierno insiste en proteger su propaganda antes que la seguridad de los trabajadores y usuarios. Culpar al operador es una salida fácil para ocultar la cadena de negligencias que vienen desde arriba.
Este episodio confirma lo que muchos ya advertían: Ernestina Godoy fue colocada en ese cargo para poner el Poder Judicial al servicio de Morena, no para garantizar justicia ni verdad. Su actuación no busca esclarecer los hechos, sino blindar políticamente al régimen guinda, aun cuando eso implique sacrificar a un trabajador y distorsionar la realidad.
Morena prometió justicia, transparencia y respeto al pueblo, pero hoy traiciona esos principios. En lugar de investigar con rigor, prefiere fabricar culpables. En vez de proteger a los ciudadanos, protege su imagen. El descarrilamiento no solo exhibe una falla técnica: expone el colapso moral de un gobierno que ya no gobierna para el pueblo, sino para su propia impunidad.