Morena cruza la línea: propaganda política convertida en discurso de odio

La discusión política en México está dejando de girar en torno a ideas para moverse hacia la descalificación sistemática. El nuevo spot “CONTRASTE” de Morena no se limita a contrastar posturas, sino que construye una narrativa donde quienes piensan distinto son presentados como una amenaza. El problema no es el tono, sino el enfoque, porque deja de haber debate y comienza la estigmatización.

En el contenido, figuras como Lilly Téllez, Samuel García y Ricardo Salinas Pliego aparecen bajo una estética diseñada para generar rechazo, mientras la narrativa los acusa de querer “entregar la patria”. No es un mensaje casual ni improvisado, responde a una estrategia clara que busca polarizar y simplificar el escenario político en términos de lealtad o traición.

Esa construcción ha encendido alertas entre especialistas, quienes advierten que el mensaje podría encuadrar dentro de lo que la Suprema Corte define como discurso de odio. La razón es que no se cuestionan argumentos, sino que se promueve el rechazo hacia personas por su postura política, lo que abre un terreno más delicado dentro del debate público.

Este tipo de comunicación no surge de manera aislada, forma parte de una lógica que el gobierno de Morena ha consolidado, donde la polarización se utiliza como herramienta de control político. El problema es que, al escalar ese discurso, se debilita el espacio democrático y se normaliza la confrontación como forma de hacer política.

Cuando el adversario deja de ser alguien con quien se debate y se convierte en alguien a quien se debe rechazar, el problema ya no es electoral, es institucional. Ahí es donde la estrategia deja de ser política y se convierte en un riesgo para el sistema.