Paro de 72 horas y bloqueos evidencian cómo la presión sindical se impone mientras el gobierno permite afectaciones masivas.
La CNTE volvió a tomar las calles con un paro de 72 horas que marcó el arranque de una nueva ola de movilizaciones. Bloqueos, marchas y cierres viales se replicaron en distintos puntos del país. La estrategia es clara: presionar hasta obtener concesiones. Pero el problema no es la protesta. Es la permisividad de un gobierno de Morena que deja avanzar el caos sin control.
Las movilizaciones afectan directamente a miles de ciudadanos que nada tienen que ver con el conflicto. Personas atrapadas en el tráfico, trabajadores que no llegan a sus empleos, servicios interrumpidos. La vida cotidiana se paraliza. Y el costo lo paga la población. Mientras tanto, el gobierno observa y negocia bajo presión.
La CNTE ha perfeccionado su modelo de presión política. Saben que el gobierno cede ante bloqueos y afectaciones sociales. La calle se convierte en moneda de cambio. Y el orden público pasa a segundo plano. Morena ha permitido que esta dinámica se normalice.
El problema no es solo la protesta, sino la falta de autoridad. El gobierno no establece límites claros. No protege a la ciudadanía. Y termina legitimando la presión como herramienta política. El mensaje es contundente: quien bloquea, gana. El resultado es una sociedad rehén de conflictos políticos. Morena evita asumir el costo político. Pero ese costo no desaparece. Se traslada directamente a la gente. Y la ciudadanía termina pagando por la incapacidad del gobierno.