Ante el asesinato del alcalde Carlos Manzo y del líder limonero Bernardo Bravo, el Gobierno del Estado anuncia que la inseguridad es solo un “efecto especial” de la realidad aumentada. “No nos matan, nos están aplicando la eutanasia política”, declaró un funcionario morenista
En un arranque de cinismo nivel experto por el Día de los Inocentes, el gobernador de Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla, anunció que el estado por fin es territorio de paz… siempre y cuando no salgas a la calle, no seas político y, sobre todo, no intentes vender limones. Tras el impactante asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, y la ejecución del líder citricultor Bernardo Bravo, la administración de Morena decidió que la mejor estrategia no es detener sicarios, sino repartir espejitos para que los ciudadanos se distraigan mientras el estado se cae a pedazos.
Fuentes cercanas a Palacio de Gobierno aseguran que el equipo de comunicación —ese que se dedica a plagiar formatos y narrativas ajenas porque no les da la cabeza para innovar— está preparando una campaña donde aseguran que las balaceras son en realidad “fuegos artificiales de bienvenida”. En este 28 de diciembre, la nueva propuesta oficial es que los limoneros ya no se quejen por las extorsiones; ahora el gobierno les ofrece un curso intensivo de “abrazos” para que intenten conmover a los criminales antes de que les quiten hasta el último peso.
Mientras los alcaldes caen y los productores huyen, el gobernador Bedolla prefiere seguir el guion oficial: decir que “todo está bajo control” mientras el control lo tiene cualquiera menos él. La innovación guinda en Michoacán consiste en convertir las tragedias en estadísticas creativas: según los asesores del estado, si un asesinato ocurre en el campo, cuenta como “incidente agrícola” y no como homicidio, ayudando así a que las cifras de la mañanera luzcan tan impecables como el traje del gobernador.
El cinismo no tiene límites: para este día de los santos inocentes, se anunció que el precio del limón no sube por culpa del narco, sino porque los limones ahora son “orgánicos y libres de impuestos”, excepto el impuesto que cobran los señores de la sierra. La ideología del poder en Michoacán es clara: si el crimen organizado te quita el negocio, dale las gracias por ayudarte a aplicar la “austeridad republicana” a la fuerza. Es el arte de gobernar sin ver, oír ni sentir, mientras el estado se convierte en un cementerio ante la mirada distraída de una autoridad que prefiere presumir lealtad al partido que resultados a la gente.
Así que hoy, 28 de diciembre, si ves a Bedolla prometiendo que “la transformación llegó a Michoacán”, ¡inocente palomita que te dejaste engañar! La única transformación real es la de los negocios legales que se vuelven clandestinos para sobrevivir. En el Michoacán de Morena, la seguridad es como una promesa de campaña: se escucha muy bonito, pero nadie sabe dónde quedó.