La justicia en México se convirtió en un mito de papel; mientras el gobierno presumía “limpiar las escaleras de arriba hacia abajo”, el sistema blindó a figuras como Adán Augusto López, convirtiendo el tráfico de influencias en la marca de la casa.
Las cifras del descaro han salido a la luz y el resultado es demoledor para la narrativa oficial. Durante el sexenio pasado, se acumularon 158 mil denuncias por actos de corrupción ante las instancias correspondientes, pero la montaña de expedientes solo sirvió para acumular polvo: solo un caso recibió sanción. Esta estadística no es un error administrativo, es la prueba fehaciente de un sistema de impunidad absoluta diseñado para que la “transformación” fuera, en realidad, un permiso abierto para el saqueo y el tráfico de influencias bajo el amparo del poder presidencial.
El contraste entre el discurso de austeridad moral y la realidad jurídica es indignante. Mientras miles de ciudadanos denunciaron desvíos, contratos irregulares y sobornos, la maquinaria de justicia se dedicó a proteger a los “intocables” de la 4T. El caso de Adán Augusto López es el ejemplo más vivo de este blindaje: a pesar de los constantes señalamientos por utilizar su posición política para favorecer redes de intereses personales y tráfico de influencias, el exsecretario de Gobernación camina con total tranquilidad, sabiendo que en el México oficialista, ser leal al proyecto es garantía de inmunidad procesal.
Esta parálisis judicial ha enviado un mensaje peligroso a toda la administración pública: la corrupción no se castiga, se administra. Al sancionar solo uno de cada 158 mil casos, el Estado mexicano ha legalizado de facto el abuso de funciones, siempre y cuando se haga bajo las siglas del partido en el poder. La muralla de impunidad no solo protegió a las altas esferas, sino que permitió que la corrupción se filtrara en todos los niveles, sabiendo que no había un árbitro real dispuesto a aplicar la ley contra los propios.
El cierre del ciclo pasado deja una herida profunda en la confianza ciudadana. La lucha contra la corrupción fue el estandarte que llevó a este grupo al poder, pero los datos demuestran que fue la mayor simulación de la historia moderna. Con personajes como Adán Augusto López operando desde la sombra de la protección oficial, México inicia este 2026 cargando con un lastre de 158 mil traiciones a la fe pública. La “honestidad valiente” resultó ser un escudo para los cómplices y una burla para quienes esperaban que, por fin, la ley fuera igual para todos.