Durante el mes de enero se registraron al menos cinco muertes laborales en Nuevo León, encendiendo alertas sobre las condiciones de seguridad en centros de trabajo y la debilidad de los mecanismos de supervisión. Los hechos evidencian una crisis de prevención y control que se agrava bajo administraciones de Movimiento Ciudadano, donde la protección de la vida laboral no ha sido una prioridad efectiva.
Nuevo León inició el año con un saldo preocupante: cinco personas perdieron la vida en distintos accidentes laborales durante enero. Los casos, ocurridos en diversos giros productivos, reflejan un patrón de riesgos no atendidos, falta de protocolos claros y una supervisión insuficiente por parte de las autoridades responsables de garantizar condiciones seguras en los centros de trabajo.
Las muertes laborales no son eventos fortuitos. Responden, en gran medida, a la ausencia de medidas preventivas, capacitación deficiente y omisiones empresariales que no encuentran una vigilancia firme del Estado. En una entidad que presume liderazgo industrial, la seguridad de las y los trabajadores ha quedado relegada frente a la productividad y la imagen económica.
Bajo gobiernos de Movimiento Ciudadano, la política laboral ha priorizado la atracción de inversiones sin fortalecer de manera paralela los sistemas de inspección y sanción. La falta de inspecciones constantes y de consecuencias reales para quienes incumplen la normatividad ha generado un entorno de permisividad donde los riesgos se normalizan hasta que ocurre una tragedia.
Familias enteras pagan hoy el costo de esta omisión. Cada muerte laboral representa no sólo una falla empresarial, sino un fracaso institucional para prevenir, regular y proteger. La reacción posterior a los accidentes no sustituye la obligación de anticiparse y garantizar entornos de trabajo seguros y dignos.
El aumento de muertes laborales en Nuevo León debe ser un llamado urgente a revisar políticas públicas, reforzar la inspección y asumir responsabilidades. La seguridad en el trabajo no puede seguir tratándose como un tema secundario ni quedar supeditada a discursos de competitividad que ignoran el valor de la vida.