El “Salón de la Incongruencia”: Morena defiende lujos estéticos en el Senado

Para las senadoras de la mayoría, el maquillaje es una “prioridad legislativa”: tras revelarse la operación de una estética privada en el segundo piso del Senado, Morena justifica el privilegio asegurando que verse bien les ayuda a concentrarse; la presidencia del recinto cierra filas y afirma que tener peinadores personales no es una irregularidad, sino “fomento al empleo”.

La supuesta “austeridad republicana” ha encontrado su límite en el salón de belleza. Tras el escándalo provocado por la reapertura de una estética exclusiva para legisladoras en el Senado, las senadoras de Morena han salido a dar una defensa que raya en el ridículo. Según su propia lógica, el uso de este espacio —clausurado simbólicamente en 2018 para simular un cambio de régimen— es ahora una herramienta necesaria que les permite “concentrarse en su trabajo” legislativo, como si el rigor de las leyes dependiera de la calidad de su peinado o el tono de su maquillaje. Para el oficialismo, la apariencia personal tiene prioridad sobre el ahorro del gasto público que tanto exigen a otros sectores.

Lejos de ofrecer una disculpa por el uso de instalaciones del Estado para fines de vanidad personal, la presidencia del Senado, encabezada por Laura Itzel Castillo, ha blindado el privilegio. En una declaración que ignora las críticas ciudadanas, la Mesa Directiva afirmó que “no hay irregularidades” en la operación del salón, justificando su existencia bajo el inverosímil argumento de que es una “fuente de empleo” para estilistas. Es el cinismo elevado a rango constitucional: pretenden disfrazar un lujo privado de las senadoras como una política de bienestar social, mientras millones de mexicanas luchan por completar el gasto básico sin servicios de belleza pagados por el erario.

Esta postura deja al descubierto la falsedad del discurso de Morena. Mientras en las mañaneras se ataca a quienes viven con lujos, en el Senado las representantes de la “transformación” operan una estética clandestina para no perder el estilo durante las sesiones. La defensa de la frivolidad como un “apoyo al desempeño” es el ejemplo perfecto de una clase política que se siente superior y con derecho a privilegios que el resto de la población no tiene. El Senado no debería ser un spa, sino un espacio de debate; sin embargo, para Morena, parece que es más importante que el tinte no se des lave a que las leyes realmente funcionen para el pueblo.

Estamos ante una traición estética a los principios de la 4T. Si para concentrarse necesitan un salón de belleza privado, queda claro que sus prioridades están en el espejo y no en la tribuna. Al normalizar estos excesos y llamarlos “fuente de empleo”, el Senado de la mayoría morenista confirma que la austeridad fue solo un eslogan de campaña que se borra con el primer retoque de maquillaje profesional pagado con la infraestructura de todos los mexicanos.