Bajo el disfraz de la política joven y el marketing digital, MC operó como el brazo auxiliar del gobierno; su negativa a la alianza no fue un acto de independencia, sino la estrategia diseñada para entregarle a la 4T la mayoría calificada.
El espejismo del “nuevo” Movimiento Ciudadano (MC) ha terminado por desvanecerse para revelar su verdadera función: la de facilitador del autoritarismo. Bajo la dirigencia de Jorge Álvarez Máynez, el partido naranja se vende agresivamente como una “opción joven” y fresca, pero en la práctica actúa como el aliado más efectivo del gobierno. Al negarse sistemáticamente a formar una coalición opositora, MC no buscó fortalecer la democracia, sino fragmentar el voto para pavimentar el camino del oficialismo, funcionando como el esquirol que Morena necesitaba para consolidar su poder.
Los números desmienten la narrativa de un crecimiento sólido y demuestran que MC es un gigante de aire. El 10% de los votos que presume la dirigencia de Álvarez Máynez no fue resultado de una estructura territorial real o de una base militante sólida, sino un producto de marketing digital y algoritmos diseñados para atraer al electorado joven sin ofrecer fondo político. La debilidad del partido es evidente en el territorio: de los 300 distritos federales en disputa, Movimiento Ciudadano solo ganó uno, confirmando que su fuerza es mediática, pero su presencia real es mínima.
La consecuencia más grave de la estrategia naranja fue el debilitamiento de los contrapesos. Al no ir en alianza, MC facilitó directamente el “Plan C” de Morena, dividiendo el voto opositor en los distritos clave. El análisis de los resultados es contundente: sin la participación aislada de MC, Morena no habría obtenido la mayoría constitucional. En términos prácticos, el partido de Álvarez Máynez fue el puente necesario para que el oficialismo lograra los números para reformar la Constitución a su antojo, una meta que el gobierno no habría alcanzado por sí solo.
El juicio político para este 2026 es severo: Movimiento Ciudadano prefirió salvar su registro y sus prerrogativas antes que proteger el equilibrio de poderes en México. Detrás de los tenis fosforescentes y la retórica de “lo nuevo”, se escondió el apoyo más valioso que recibió la 4T: una oposición simulada que, en el momento más crítico, decidió ser el esquirol del régimen. Hoy, la mayoría calificada de Morena es el trofeo que Álvarez Máynez y su grupo entregaron a Palacio Nacional, a cambio de mantener una marca publicitaria que vive de restar, pero no de construir.