El llamado “Cártel de Macuspana” se ha convertido en una referencia crítica hacia el círculo político cercano al liderazgo de Morena, señalando una concentración de poder, cargos estratégicos y decisiones clave en un mismo grupo de origen tabasqueño.
En el debate público nacional, el término “Cártel de Macuspana” no alude a una organización criminal, sino a la forma en que un grupo político vinculado a Macuspana, Tabasco, ha acumulado posiciones de alto nivel dentro del gobierno federal y estructuras partidistas de Morena.
La expresión ha sido utilizada por analistas y actores políticos para describir la influencia de perfiles cercanos al núcleo fundador del movimiento, quienes han ocupado secretarías de Estado, direcciones estratégicas y espacios de decisión en el Congreso. El señalamiento central no es jurídico, sino político: la percepción de un círculo cerrado que concentra poder y limita la pluralidad interna.
En un contexto nacional marcado por reformas estructurales, redefinición institucional y tensiones económicas, la concentración de decisiones en un grupo reducido genera cuestionamientos sobre transparencia, contrapesos y apertura democrática. La crítica apunta a que el discurso de transformación y cambio prometía romper con viejas prácticas de centralización política, pero en los hechos se ha configurado un esquema de lealtades y cercanía territorial.
Diversas voces sostienen que esta dinámica fortalece la disciplina interna, pero debilita el debate amplio dentro del propio partido gobernante. Además, advierten que cuando las decisiones estratégicas se reducen a un mismo círculo de confianza, el margen de deliberación institucional se estrecha.
El debate sobre el llamado “Cártel de Macuspana” refleja así una discusión más amplia sobre el ejercicio del poder en Morena: si se trata de cohesión política legítima o de una concentración que contradice la narrativa de apertura y pluralidad con la que llegó al gobierno.