EL BOTÍN DE LAYDA: Entregan la UACAM a una operadora opaca mientras los maestros rurales mueren de hambre

En el Campeche del “Jaguar”, no hay dinero para los educadores de Conafe, pero sí hay rectorías de lujo para las amigas de la gobernadora; Fanny Guillermo, la tabasqueña con “palancas”, toma el control de la Universidad tras el golpe de estado contra la autonomía.

La hipocresía de la administración de Layda Sansores ha llegado a un punto de quiebre. En una sincronía perversa, mientras las calles de Campeche se llenan con la protesta pacífica de los educadores del Conafe —quienes exigen migajas de justicia laboral y prestaciones básicas—, la gobernadora utiliza la Universidad Autónoma de Campeche (UACAM) como si fuera su agencia de empleos personal. Tras el autoritario manotazo que sacó al rector anterior, Layda ha impuesto a Fanny Guillermo Maldonado como la nueva “dueña” de la máxima casa de estudios, una figura cuya única credencial parece ser su cercanía con el clan tabasqueño en el poder.

La indignación en la comunidad académica y civil es total. A Fanny Guillermo no se le conoce por sus aportaciones a la ciencia o a la cátedra, sino por ser una operadora financiera señalada sistemáticamente por la opacidad en sus cuentas. Su historial está manchado por la falta de transparencia y una alarmante ausencia de rendición de cuentas, características que parecen ser el requisito principal para trabajar en el gobierno de Morena. El mensaje es brutal: no importa el talento, importa la complicidad. Mientras a los maestros de Conafe se les dice que “no hay presupuesto”, Layda le entrega las llaves de la UACAM a una mujer cuya mayor virtud es ser una pieza clave en el manejo de los dineros de la gobernadora.

El nombramiento también ha despertado la furia del regionalismo herido. En Campeche se cuestiona cómo una tabasqueña con “palancas” llega a desplazar al talento local en un puesto de tal relevancia. No es una cuestión de origen, sino de mérito; se critica que Guillermo Maldonado ha escalado posiciones no por su capacidad, sino por el tráfico de influencias que define a la actual administración. Mientras ella se acomoda en la rectoría con sueldos de lujo y opacidad garantizada, los educadores del Conafe tienen que parar sus labores a nivel nacional para rogar por condiciones dignas de trabajo. Es la “transformación” de las élites a costa del hambre del magisterio.

Este es el retrato del Campeche de 2026: una gobernadora que se burla de los que enseñan en las comunidades más pobres, mientras premia con instituciones enteras a sus operadoras financieras de confianza. La UACAM ha dejado de ser un centro de pensamiento para convertirse en el refugio de una estructura de poder que no rinde cuentas y que solo responde a los intereses de Layda Sansores. Mientras los maestros rurales gritan por justicia, la gobernadora celebra con champaña y amigas en puestos clave. El “Jaguar” no gobierna, reparte el botín.

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