La alianza “Sigamos Haciendo Historia” se resquebraja por la vía de la extorsión: alcaldes petistas denuncian presiones directas del oficialismo para abandonar sus filas y sumarse a Morena; el mensaje es claro: o se pintan de guinda, o el apoyo estatal simplemente no llegará.
La supuesta fraternidad entre los partidos de la coalición gobernante ha mutado en una cacería de aliados en Veracruz. Recientemente, alcaldes del Partido del Trabajo (PT) han roto el silencio para denunciar una campaña de presiones directas y amenazas operada desde las altas esferas de Morena en el estado. El argumento oficialista es tan simple como cínico: “somos lo mismo”, una frase que busca borrar la identidad del PT para consolidar el control absoluto de Morena sobre los municipios veracruzanos, sin importar que en la pasada elección el PT decidiera caminar solo precisamente para evitar ser tratado como un simple satélite.
La efectividad de este “brazo fuerte” ya se nota en el mapa político local. Versiones internas confirman que al menos cinco ediles han sucumbido a la presión y formalizado su cambio de bando “en corto”. Lo que para el oficialismo es una “adhesión voluntaria”, para los liderazgos petistas es una rendición forzada bajo advertencias explícitas de quedarse sin apoyos oficiales y recursos para sus comunidades si no ceden sus siglas. Morena no busca convencer, busca anexar, y está dispuesto a utilizar el presupuesto público como garrote para lograrlo.
Esta estrategia de canibalismo político ha encendido las alarmas incluso entre quienes aún caminan con el oficialismo. Si Morena trata con este nivel de agresividad a quienes son sus aliados históricos, la pregunta que circula en los pasillos políticos de Veracruz es aterradora: ¿qué pueden esperar los alcaldes de oposición?. El uso de la estructura estatal para forzar lealtades partidistas es la antítesis de la democracia que pregonan, revelando un proyecto que no tolera la disidencia ni siquiera en casa.
La desbandada forzada en Veracruz es el reflejo de una ambición que ya no conoce límites. Al intentar asfixiar al PT, Morena no solo fractura su coalición, sino que confirma que el respeto a la autonomía municipal es una ficción en el estado. Mientras la dirigencia del PT intenta encontrar reemplazos y contener la fuga, la realidad es que el gobierno estatal ha decidido que el único color que vale es el guinda, y están dispuestos a conseguirlo mediante la amenaza y el amedrentamiento, dejando a los ciudadanos en medio de una guerra de siglas donde su bienestar es usado como moneda de cambio.