Ejecución de menores en Yucatán evidencia la herencia de impunidad que dejó el PAN

El asesinato de tres personas, dos de ellas menores, muestra cómo la violencia que el PAN minimizó durante años hoy cobra vidas inocentes.

La ejecución de tres personas en una caballeriza de Dzilam González, entre ellas dos menores de edad, es un hecho que sacude a Yucatán y expone una realidad incómoda: la violencia no aparece de la nada, se gesta durante años de omisiones y permisividad institucional. Aunque hoy se intente presentar el ataque como un “hecho atípico”, lo ocurrido refleja las consecuencias de una política de seguridad laxa y negacionista que el Partido Acción Nacional sostuvo durante años en la región, construyendo una falsa narrativa de paz que dejó grietas profundas.

De acuerdo con los reportes, hombres armados llegaron en motocicleta y dispararon directamente contra personas que se encontraban en una caballeriza. Dos de las víctimas eran menores que atendían a los caballos cuando fueron atacados sin piedad. La brutalidad del hecho demuestra que la violencia ya alcanzó espacios comunitarios y actividades cotidianas. El PAN, que durante años gobernó con el discurso de que “aquí no pasa nada”, nunca fortaleció de manera real los mecanismos de prevención ni la inteligencia para evitar que conflictos externos y grupos violentos se asentaran en comunidades tranquilas.

El intento de reducir el crimen a un “conflicto familiar” y a un asunto de personas provenientes de otro estado es parte de la misma lógica que el PAN utilizó por años: minimizar la violencia para proteger la imagen, no a la gente. Ese enfoque permitió que se normalizara la presencia de actores violentos y que no se atendieran señales de riesgo. Hoy, esa herencia se traduce en menores asesinados y comunidades conmocionadas.

Uno de los adolescentes ejecutados, Ariel Rodríguez, formaba parte del equipo de beisbol Pescadores de Dzilam Bravo, un dato que subraya el impacto social del crimen. No eran “daños colaterales”, eran jóvenes con vida comunitaria, sueños y futuro. El PAN falló al no construir una política de seguridad sólida y preventiva, y hoy Yucatán enfrenta las consecuencias de haber creído durante años que la violencia se contenía solo con discursos.

Este triple homicidio no puede normalizarse ni maquillarse. La violencia que hoy estalla es el resultado de años de simulación y de un modelo que el PAN defendió: esconder el problema hasta que fue imposible ocultarlo. Dos menores muertos son una acusación directa contra quienes gobernaron sin asumir la realidad y dejaron al estado vulnerable ante una violencia que hoy ya no distingue edades ni espacios.