¡Economía en ruinas! Campeche atrapado en el laberinto de Layda Sansores entre humo, abandono y saqueo silencioso

La agenda política del gobierno de Layda Sansores volvió a extraviarse. Mientras la economía se hunde, Ciudad del Carmen y la capital campechana padecen un abandono sistemático, decisiones erráticas y una élite que vive del cargo sin resultados. El desorden ya no admite presunción de inocencia: exige responsabilidades.

Campeche transita por un laberinto económico del que no se ve salida. No es ignorancia —como algunos intentan justificar—, es trayectoria: décadas en la administración pública de quienes hoy toman decisiones. Con la llegada de Layda Sansores, la preocupación se profundiza porque la economía dejó de ser prioridad. Los “Martes del Jaguar”, convertidos en ritual político, raramente abordan el tema económico, la relación con Petróleos Mexicanos o el freno impuesto al regreso de oficinas de la petrolera a Ciudad del Carmen, históricamente el soporte del estado.

En su lugar, abundan anuncios que se caen solos. Promesas que no aterrizan, discursos que no sostienen cifras y funcionarios que desaparecen del radar tras el relevo. El caso de Turismo es sintomático: cambios de titular sin estrategia ni resultados, nombramientos por cercanía o recomendación que no construyen política pública, solo desgaste.

La postal del hotel frente al malecón resume el desorden: reapertura sin las “cinco estrellas” prometidas, antecedentes de malos manejos financieros y señalamientos sin aclarar. Todo ocurre mientras se presume modernización. El resultado real es humo. Y ese humo tapa un problema mayor: empresarios locales de Ciudad del Carmen siguen atrapados por trabajos realizados en 2024 sin cobro, con el factoraje negado y el abandono institucional como respuesta.

El daño ecológico es otro frente ignorado. En una zona natural protegida, la conversión del puerto pesquero en industrial y la proliferación de patios de maniobra y talleres a lo largo de kilómetros de costa han impactado fauna y flora. Nadie alza la voz. La libertad de expresión está en entredicho en un estado que se presume “seguro” por población, no por índices reales.

En la Ciudad de México, la representación de Campeche opera como elefante blanco: nóminas abultadas, exfuncionarios importados, cero resultados y ni un campechano visible en puestos clave. ¿Gestión o favores? La pregunta es inevitable.

Layda Sansores quizá intenta revertir números rojos, pero sin rumbo económico, sin defensa del motor petrolero, sin apoyo a empresarios locales y sin transparencia, el laberinto se estrecha. Campeche no necesita más espectáculo; necesita economía, estrategia y resultados. Hoy, lo que tiene es abandono. Y eso ya pasó la línea del error: es responsabilidad política.