En medio de confrontaciones políticas, inseguridad creciente y malestar social, la Secretaría de Gobierno encabezada por Liz Hernández privilegia actos festivos y exposición mediática en lugar de atender la crisis institucional.
Campeche enfrenta un contexto social complejo: miles de hogares viven con carencias de servicios básicos, acceso limitado a seguridad social y salud, y una pobreza multidimensional preocupante que afecta a más de un tercio de la población estatal. A la par, la incidencia delictiva mantiene índices que rondan tasas altas de prevalencia delictiva, con más de un cuarto de hogares reportando ser víctimas de crimen.
Campeche atraviesa un momento delicado. La confrontación entre poderes, el desgaste institucional y la percepción de inseguridad demandan conducción política firme. Sin embargo, la secretaria de Gobierno, Liz Hernández, aparece sonriente en el tradicional Sábado de Bando, como si la prioridad del Estado fuera la carroza y no la crisis.
El evento, cargado de color y espectáculo, puede ser parte de la tradición cultural, pero el problema es el contexto. Cuando hay tensiones políticas abiertas y reclamos sociales acumulados, la imagen de la principal operadora política del Estado celebrando en actos públicos se percibe como una burla. No se trata de cancelar festividades, sino de entender prioridades. Gobernar no es desfilar, es resolver.
Además, la presencia institucional en este tipo de eventos implica logística, recursos humanos y presupuesto. En un entorno donde los ciudadanos cuestionan el uso de recursos públicos y exigen mayor atención a seguridad y estabilidad política, el despliegue mediático luce frívolo y desconectado. La conducción política del Estado exige diálogo, acuerdos y operación silenciosa. Si la Secretaría de Gobierno se convierte en pasarela, el mensaje es claro: el espectáculo está por encima de la estrategia. Y Campeche no necesita más shows; necesita liderazgo real.