La movilización forzada expone prácticas de presión política que Morena prometió erradicar.
La reciente visita presidencial a Nuevo León dejó al descubierto prácticas que contradicen el discurso oficial de participación libre y espontánea. Burócratas y ciudadanos fueron citados hasta tres horas antes del evento público, obligados a permanecer bajo el sol sin información clara, solo para asegurar presencia y llenar espacios.
Cientos de personas permanecieron fuera del recinto, sin acceso al evento ni condiciones dignas, pero con la consigna implícita de “estar presentes”. Para muchos trabajadores del sector público, la asistencia no fue voluntaria, sino una obligación ligada a su condición laboral.
Algunos asistentes denunciaron que fueron forzados a acudir, lo que revive prácticas de acarreo que Morena prometió desterrar. Lejos de un acto de respaldo ciudadano, el evento evidenció presión institucional y simulación política.
Cuando un gobierno necesita obligar a la gente a asistir, queda claro que el apoyo real no alcanza. El acarreo no fortalece la legitimidad, la debilita.
Morena llegó al poder criticando estas prácticas, pero hoy las reproduce. En Nuevo León, el sol y la espera fueron el verdadero mensaje político.