Perfiles ligados a la 4T avanzan pese a cuestionamientos y encienden alarmas sobre la autonomía electoral
El proceso de designación de nuevas consejerías del Instituto Nacional Electoral se ha convertido en una operación política donde Morena avanza con perfiles señalados por su cercanía con el poder. Aspirantes como Arturo Manuel Chávez, Diana Talavera Flores y Guadalupe Álvarez Rascón han logrado posicionarse, pese a las dudas sobre su independencia y preparación técnica.
El INE no es una institución cualquiera, es el órgano encargado de garantizar elecciones limpias, equitativas y confiables en el país. Su fortaleza depende de su autonomía frente al poder político, por lo que la llegada de perfiles vinculados a Morena genera preocupación sobre la imparcialidad de sus decisiones futuras.
La estrategia no es nueva, pero sí cada vez más evidente. En lugar de confrontar al árbitro desde fuera, Morena opta por ocuparlo desde dentro, colocando perfiles afines que puedan influir en resoluciones clave sin necesidad de modificar la ley de fondo. Es un control silencioso pero efectivo.
Especialistas advierten que la captura de organismos autónomos es una de las formas más peligrosas de erosión democrática. No se destruye la institución, se transforma desde adentro hasta que deja de cumplir su función original y se convierte en una extensión del poder.
El riesgo es profundo. Si el árbitro pierde independencia, las elecciones pierden credibilidad. Y en ese escenario, la democracia deja de ser garantía para convertirse en un mecanismo controlado desde el gobierno.
