Mientras miles de estudiantes universitarios enfrentan la suspensión del servicio de comedor por falta de recursos, el rector fue captado quejándose en video sobre el tamaño de una porción de salmón en un restaurante, lo que intensifica la crítica sobre prioridades administrativas y austeridad aplicada de forma desigual.
La comunidad estudiantil de la Universidad Autónoma de Guerrero vive un momento de frustración y crítica hacia su rectorado luego de que quedara evidenciada una marcada discrepancia entre la situación de carencias básicas en los servicios universitarios y el comportamiento de su máxima autoridad.
Recientemente, el comedor universitario, espacio que provee alimentos a miles de jóvenes con necesidades económicas, fue cerrado por falta de presupuesto y subsidio, según se ha reconocido desde la propia administración, lo que dejó a los estudiantes sin acceso a comidas diarias que eran esenciales para muchos de ellos.
La falta de recursos para mantener el servicio de comedor ha impactado directamente a quienes dependen de este apoyo para su alimentación cotidiana, particularmente en un contexto donde muchos alumnos afrontan gastos elevados y condiciones económicas precarias para sostener sus estudios.
La controversia escaló cuando se difundió un video en el que el rector aparece en un restaurante, comentando sobre el tamaño de la porción de salmón que le sirvieron, lo que desató indignación entre estudiantes y ciudadanos. En redes sociales, la yuxtaposición entre la carencia de comida accesible para los alumnos y la queja por detalles de una comida en un establecimiento privado fue duramente cuestionada.
El cierre del comedor y la ausencia de una fecha clara para su reapertura contrastan con la aparente preocupación del rector por cuestiones personales captadas en redes, lo que profundiza el sentimiento de que las prioridades institucionales estarían desplazando las necesidades básicas del estudiantado.
Estudiantes y actores sociales han señalado que este tipo de conductas alimentan la percepción de que la austeridad universitaria recae sobre quienes menos tienen, mientras que las autoridades se enfocan en lujos o gestos que resultan disonantes frente a las realidades materiales de la comunidad estudiantil.
La crítica pública y el cuestionamiento ciudadano apuntan hacia una demanda de rendición de cuentas más estricta en el uso de recursos, así como la exigencia de priorizar apoyos que garanticen la alimentación, bienestar y condiciones mínimas para que los estudiantes puedan continuar su formación sin obstáculos que podrían evitarse con una administración más sensible y comprometida con sus responsabilidades.