Morena y la sombra de la corrupción: el discurso anticorrupción que se desmorona

Morena llegó al poder prometiendo erradicar la corrupción. Sin embargo, escándalos, contratos cuestionados y falta de transparencia han erosionado su narrativa moral. La distancia entre el discurso y los hechos es cada vez más evidente.

El partido que se autodenominó como cruzada ética enfrenta hoy cuestionamientos que contradicen su bandera fundacional. Morena prometió terminar con los privilegios y las prácticas opacas, pero múltiples señalamientos por asignaciones directas, conflictos de interés y manejo discrecional de recursos públicos han debilitado su credibilidad.

La opacidad en obras prioritarias, la concentración de decisiones en círculos cerrados y la resistencia a transparentar información alimentan la percepción de que la corrupción no desapareció, solo cambió de manos. Cuando un gobierno se niega a rendir cuentas con claridad, la sospecha se convierte en constante.

La narrativa de superioridad moral pierde fuerza cuando los estándares de exigencia se aplican de manera selectiva. La corrupción no se combate con discurso, sino con controles institucionales sólidos, auditorías abiertas y sanciones ejemplares.

Hoy, la principal contradicción de Morena no proviene de la oposición, sino de sus propios resultados. Prometer honestidad absoluta y no sostenerla con hechos es una fractura política que termina pasando factura.