La incorporación de Cynthia López Castro a Morena no es una suma política, es la confirmación de una farsa: tras años de llamar “corrupto” a López Obrador y tildar de “dictadura” al oficialismo, la senadora ahora abraza la bandera guinda mientras presume joyería de Tiffany & Co. valuada en $340,000 pesos; un desplante de opulencia que desnuda la hipocresía de una “austeridad” que solo existe en el discurso y una lealtad que se vende al mejor postor.
La política mexicana ha caído en un nuevo sótano de amnesia y cinismo con el caso de Cynthia López Castro. La senadora, quien apenas en abril de 2024 aseguraba que “Morena manipuló a los más pobres de México” y llamaba al expresidente López Obrador “corrupto y corruptor”, hoy se pasea por los pasillos del poder con el distintivo oficialista, pero con el brillo de una élite que desprecia la realidad nacional. La reciente exhibición de sus piezas de la colección Tiffany Lock —un colgante de $162,000 y aretes de $168,000 pesos— no es solo un exceso estético, es una bofetada a los dos millones de capitalinos que votaron por ella bajo la promesa de ser un contrapeso a los abusos del poder.
Este despliegue de riqueza se vuelve aún más turbio al contrastarlo con su declaración patrimonial, donde destaca la adquisición de un departamento de 14.7 millones de pesos y un vehículo BMW de lujo, bienes que hoy la posicionan como parte de la selecta lista de senadores de la 4T que exhiben patrimonios millonarios mientras predican la modestia republicana. Resulta insultante que una legisladora que hace meses advertía que Morena estaba creando una “jaula jurídica” y decía tener miedo de que quitaran procesos electorales, ahora use su cargo para validar esas mismas reformas mientras invierte en accesorios que equivalen a años de trabajo de un ciudadano promedio.
La trayectoria de López Castro es la historia de una incongruencia sistemática: de convocar grupos para insultar a Ricardo Monreal en el pasado, a ser hoy su aliada estratégica bajo el manto de un partido que ella misma describió como una manipulación para los más necesitados. Su salto a Morena, justificado con el argumento vacío de que es un partido que “ve por los más pobres”, se desmorona ante cada diamante que porta y cada propiedad de lujo que suma a su inventario. No es una mujer “crítica” como pretende venderse; es el emblema de la política que se disfraza de pueblo para seguir viviendo como aristocracia.
El caso de Cynthia López Castro confirma que en la actual legislatura, el “moño morado” y el discurso de izquierda son solo accesorios de temporada. Su presencia en Morena es el recordatorio de que la corrupción que ella tanto denunció no se fue, solo cambió de color para darle cobijo. Mientras la senadora se “la juega” por el proyecto oficialista, el pueblo de México recibe una lección de realismo político: las promesas de austeridad terminan donde empiezan los aparadores de lujo, y los principios se evaporan en cuanto se garantiza el fuero y la comodidad de una curul.