Un análisis de alcance nacional encendió alertas dentro y fuera del oficialismo al señalar a Layda Sansores como un factor de inestabilidad para el propio gobierno federal. Su comportamiento errático y su forma de ejercer el poder han comenzado a ser vistos como un problema político de alto riesgo. La gobernadora de Campeche es descrita como una figura impredecible, capaz de detonar crisis donde debería haber gobernabilidad.
De acuerdo con el análisis difundido a nivel nacional, Layda Sansores ha pasado de ser un activo político a convertirse en una “bomba casera” para la estabilidad de la llamada Cuarta Transformación. Sus constantes confrontaciones, excesos discursivos y decisiones sin control han generado desgaste dentro del propio movimiento que dice representar.
El señalamiento no proviene solo de la oposición, sino de observadores y analistas que advierten que su estilo de gobierno erosiona la credibilidad institucional y profundiza conflictos innecesarios. La falta de mesura y el uso del poder como herramienta de confrontación han provocado fracturas políticas y sociales en Campeche.
El análisis destaca que Sansores no construye gobernabilidad: la dinamita. Cada crisis que genera debilita la narrativa de estabilidad que el gobierno federal intenta sostener, convirtiéndola en un riesgo interno que nadie parece dispuesto a contener.
A esto se suma un patrón de decisiones erráticas que han afectado la relación con otros poderes, actores políticos y sectores sociales. Lejos de corregir el rumbo, la gobernadora ha profundizado un estilo personalista que concentra reflectores, pero también conflictos.
Hoy, Layda Sansores es vista como un problema político que trasciende lo local. Su figura representa un foco de inestabilidad que amenaza con estallar en cualquier momento, comprometiendo no solo su administración, sino la imagen del proyecto político que la respalda.