En un desafío abierto a la línea de su propio partido, Gerardo Fernández Noroña, se abstuvo de votar a favor del ingreso de tropas estadounidenses armadas a territorio nacional; el legislador advirtió que no existen condiciones de “honestidad” por parte de Washington, mientras sus compañeros de bancada ven con recelo esta postura, temiendo que se interprete como un intento de proteger a cuadros políticos vinculados al crimen organizado.
La sesión del Senado de este 11 de febrero de 2026, bajo la conducción de la presidenta de la Mesa Directiva, Laura Itzel Castillo Juárez, se convirtió en el escenario de una rebelión solitaria que ha encendido las alarmas en el oficialismo. El debate giró en torno a la solicitud del Ejecutivo Federal para autorizar que un contingente de 19 efectivos de los Marines de Estados Unidos ingrese al país con armamento para realizar labores de adiestramiento especializado en Campeche. Mientras la mayoría de la bancada guinda respaldó la medida como un ejercicio de cooperación técnica, Gerardo Fernández Noroña decidió apartarse, siendo la única voz de su grupo en no dar el voto a favor.
Noroña aprovechó la tribuna para argumentar que no existen condiciones de confianza para permitir la intervención de fuerzas armadas extranjeras, incluso para fines de capacitación, calificando el ingreso de tropas como una vulneración a la soberanía nacional. Sin embargo, este discurso ha sido recibido con escepticismo dentro de sus propias filas. Legisladores de Morena y de la oposición ven con recelo que el senador se oponga precisamente en un momento donde la presión internacional sobre los nexos entre política y crimen organizado ha escalado. El temor manifiesto es que la postura de Noroña no defienda a la nación, sino que busque blindar a los cuadros del partido señalados por presuntos vínculos con el narcotráfico ante la mirada de agencias externas.
La incomodidad entre sus compañeros de bancada es evidente, pues consideran que su resistencia “manda el mensaje equivocado” de que todos los morenistas podrían estar ligados al crimen organizado y, por ende, temen cualquier tipo de supervisión o presencia operativa de EE. UU.. Aunque Noroña insiste en que México debe ser respetado, el contexto de las investigaciones sobre narcopolíticos que han salpicado a diversos niveles de gobierno hace que su abstención sea leída como un gesto de autoprotección o complicidad sistémica.
Pese a la oposición del senador, el dictamen fue avalado por una mayoría contundente de 105 votos, permitiendo que los instructores estadounidenses realicen el ejercicio “Mejorar las Capacidades de las Fuerzas de Operaciones Especiales” a partir del próximo 15 de febrero. No obstante, la soledad de Noroña en la votación deja una herida abierta en la narrativa de unidad oficialista y refuerza la sospecha de que, para algunos sectores del movimiento, la verdadera amenaza no es la intervención extranjera, sino la justicia que ésta podría desencadenar sobre las estructuras de poder infiltradas por el narco.