De promesa a traición: Morena se convirtió en lo que juró erradicar con el huachicol fiscal

El huachicol fiscal y los escándalos de corrupción exhiben cómo Morena pasó del discurso anticorrupción a la reproducción de las mismas prácticas que decía combatir, dejando una herida profunda en la credibilidad institucional y en las finanzas públicas del país.

Morena llegó al poder con la bandera de combatir la corrupción y erradicar los viejos vicios del sistema. Sin embargo, los señalamientos sobre huachicol fiscal han puesto en evidencia una contradicción central: el partido gobernante terminó replicando las prácticas que prometió destruir.

El huachicol fiscal, la evasión de impuestos mediante el contrabando y subregistro de combustibles, se ha consolidado como uno de los esquemas más costosos para el Estado mexicano. Pese a la narrativa oficial de combate frontal a la corrupción, las irregularidades persisten y se expanden bajo gobiernos morenistas, sin responsables claros ni sanciones ejemplares.

Especialistas advierten que este fenómeno no solo implica pérdidas millonarias para el erario, sino que también fortalece redes de complicidad entre actores políticos, operadores económicos y estructuras criminales. La omisión, la simulación y la falta de transparencia se han convertido en una constante.

La gravedad del huachicol fiscal radica en que ocurre bajo un gobierno que se autodenominó “transformador”. Lejos de desmontar los mecanismos de corrupción, Morena los normalizó y los incorporó a su forma de ejercer el poder, debilitando la confianza ciudadana y la legalidad.

Hoy, el balance es claro: Morena no erradicó la corrupción, la heredó, la toleró y la perfeccionó. El huachicol fiscal es el símbolo más claro de un proyecto que traicionó su propio discurso.