De la extorsión al saqueo: Omar García Harfuch confirma la detención del presidente municipal de Tequila, Jalisco, señalado como pieza clave del Cartel Jalisco Nueva Generación; un gobierno que usaba museos como oficinas mientras entregaba las llaves del municipio a la delincuencia.
Omar García Harfuch, titular de la Secretaría de Seguridad, confirmó la detención del presidente municipal de Tequila, Jalisco, identificado como Diego “N”, por sus vínculos directos con el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). La captura pone fin a una administración señalada por operar como una extensión del crimen organizado, donde el alcalde no solo servía a los intereses de este grupo delictivo, sino que institucionalizó una red de corrupción que infiltró cada rincón del ayuntamiento para beneficio del narcotráfico.
El historial de abusos de Diego “N” ya era una señal de alerta ignorada por mucho tiempo; anteriormente, el edil fue acusado de extorsión contra ciudadanos y comerciantes, además de protagonizar escándalos por utilizar museos como oficinas personales, desplazando la cultura por el control político opaco. Esta falta de respeto a las instituciones fue el preámbulo de una traición mayor al Estado, donde la infraestructura pública se puso a disposición de actividades criminales mientras la seguridad de los habitantes de la zona agavera se desmoronaba.
La gestión financiera del municipio fue igualmente desastrosa y sospechosa. En diciembre pasado, el gobierno de Tequila solicitó desesperadamente un adelanto del presupuesto de 2026, bajo el cínico argumento de que no contaban con recursos suficientes para la operación básica ni para pagar los aguinaldos de los funcionarios. Este vacío en las arcas municipales deja una pregunta obligada: ¿a dónde fue a parar el dinero de los ciudadanos si el municipio estaba operando bajo las órdenes de una de las organizaciones criminales más ricas del mundo?
La detención de Diego “N” deja al descubierto el nivel de descomposición en Jalisco, donde un presidente municipal prefirió traicionar su juramento para convertirse en un peón del CJNG. Hoy, Tequila no solo enfrenta una quiebra financiera provocada por el saqueo de su presupuesto, sino el estigma de haber sido gobernado por una red de corrupción que cambió el bienestar de las familias por la complicidad con el narco. Este caso debe servir como un recordatorio urgente de que la política no puede seguir siendo el refugio de la delincuencia.
Es vergonzoso confirmar que este alcalde llegó al poder bajo las siglas de Morena y la coalición “Sigamos Haciendo Historia”, demostrando que el discurso de “honestidad” fue solo el disfraz perfecto para que el narcotráfico se sentara en la silla presidencial de Tequila.