¡Canibalismo político! Morena en Campeche comienza a ser devorado por sus propias traiciones internas

Las divisiones internas en Morena Campeche se han profundizado hasta convertirse en una fractura visible y difícil de revertir. Las pugnas por el control político, la sucesión y los intereses personales han debilitado la estructura que sostiene al gobierno de Layda Sansores, generando un clima de inestabilidad y desconfianza.

En Campeche, el partido en el poder enfrenta una crisis interna que ya no puede ocultarse. Morena atraviesa un proceso de desgaste acelerado marcado por confrontaciones internas, rompimientos entre grupos y disputas abiertas por posiciones de poder. Lejos de la imagen de unidad que intenta proyectar el gobierno estatal, las tensiones han escalado a niveles que afectan la gobernabilidad.

Las luchas por la sucesión y el control de espacios políticos han convertido a Morena en un escenario de enfrentamientos permanentes. Funcionarios, legisladores y operadores políticos compiten entre sí, debilitando la estructura interna y priorizando agendas personales sobre las necesidades del estado. Esta dinámica ha provocado parálisis en decisiones clave y un ambiente de permanente conflicto.

La gobernadora Layda Sansores enfrenta un partido fragmentado, donde la lealtad se ha vuelto transaccional y el respaldo interno cada vez más frágil. Las traiciones, filtraciones y ataques entre los propios cuadros oficialistas evidencian un canibalismo político que consume la credibilidad del proyecto que prometía transformación y estabilidad.

Mientras Morena se desgasta en disputas internas, los problemas de Campeche se agravan. La falta de cohesión política se traduce en desorden administrativo, improvisación y una desconexión creciente con la ciudadanía, que observa cómo el gobierno se concentra en conflictos internos en lugar de atender prioridades sociales.

La fractura dentro de Morena Campeche no es solo un problema partidista, sino un factor que impacta directamente en la gobernabilidad del estado. Cuando el poder se consume a sí mismo, las consecuencias las paga la gente, en un contexto donde la incertidumbre y el desencanto siguen creciendo.