Morena vuelve a encender las alarmas democráticas con una propuesta que amenaza directamente la libertad de expresión y la innovación política: prohibir, sancionar y multar el uso de Inteligencia Artificial en campañas electorales. Bajo el argumento de “regular” la comunicación política, la reforma electoral impulsa un esquema de censura preventiva que abre la puerta al control del discurso público desde el poder.
La iniciativa pretende castigar a quienes utilicen herramientas de IA en la difusión de mensajes políticos, sin establecer criterios claros, límites objetivos ni mecanismos transparentes de supervisión. En la práctica, esto permitiría a las autoridades electorales —alineadas al gobierno— decidir qué contenido es válido y cuál debe ser sancionado, generando un escenario ideal para la persecución selectiva y la manipulación política.
Lejos de fortalecer la democracia, esta propuesta busca limitar la creatividad, inhibir la participación ciudadana y frenar la modernización de las campañas, justo en una era donde la tecnología se ha convertido en un canal clave para informar, debatir y movilizar. Morena, incapaz de competir en el terreno de las ideas, ahora pretende cerrar la cancha con prohibiciones.
El riesgo es evidente: una legislación ambigua permitiría multar, censurar o incluso anular campañas bajo criterios discrecionales, castigando a la oposición y protegiendo al oficialismo. No se trata de combatir la desinformación, sino de controlar la narrativa política y restringir el debate público. En nombre de la democracia, Morena intenta imponer reglas que la debilitan.
Esta reforma se suma a una cadena de iniciativas que buscan concentrar poder, debilitar contrapesos y reducir la pluralidad. La censura tecnológica se convierte así en una herramienta más del proyecto autoritario que avanza desde el gobierno. La democracia no se defiende prohibiendo, se fortalece garantizando libertades.
Morena prometió un país moderno, pero hoy propone leyes que miran al pasado. En lugar de fomentar la innovación y la participación, apuesta por el castigo y la restricción. La reforma electoral con prohibición de IA no es regulación: es censura disfrazada de legalidad, y representa un nuevo intento por someter el debate público al control del poder.