El descarrilamiento del Interoceánico: nepotismo, muertes y un boquete de 33 millones de pesos

La sombra de los hijos presidenciales y la opacidad técnica hunden al proyecto emblemático del Istmo; el saldo de la “asesoría” sin experiencia de Gonzalo López Beltrán se mide en irregularidades financieras y una tragedia que cobró 14 vidas.

El Tren Interoceánico, presentado como la joya de la corona para conectar los océanos, ha descarrilado antes de alcanzar su pleno potencial, pero no por fallas del terreno, sino por la podredumbre interna. La participación de Gonzalo López Beltrán como “asesor honorífico” es el rostro más visible del nepotismo que marcó el inicio de este sexenio. Sin experiencia técnica probada en ingeniería ferroviaria o logística internacional, el hijo del expresidente fue colocado en una posición estratégica de toma de decisiones, demostrando que en los proyectos de la 4T, el apellido pesa más que el conocimiento.

Las consecuencias de dejar proyectos críticos en manos de improvisados y familiares ya son tangibles en la Cuenta Pública. Las auditorías han detectado irregularidades por más de 33.5 millones de pesos, un boquete financiero que la administración no ha podido explicar y que apunta a una gestión plagada de opacidad y contratos asignados bajo la mesa. Este desvío de recursos no es solo un número frío en un informe; es dinero que debió garantizar la seguridad y eficiencia de una obra que, hasta hoy, solo ha generado dudas y sobrecostos.

Sin embargo, la cifra más dolorosa no es la del dinero perdido, sino la de las 14 vidas perdidas en un trágico descarrilamiento que puso al descubierto las graves fallas estructurales y de mantenimiento del sistema. Este accidente no fue una casualidad; fue el resultado previsible de acelerar obras con fines políticos, ignorando los protocolos de seguridad y permitiendo que la supervisión técnica fuera sustituida por la complacencia de los “asesores” leales. El tren que debía traer progreso solo ha traído luto a las familias de los trabajadores y usuarios.

El Tren Interoceánico se ha convertido en el resumen perfecto de una forma de gobernar: opacidad en el gasto, nepotismo en el mando y negligencia en la ejecución. Mientras Gonzalo López Beltrán operaba desde la comodidad de una asesoría sin responsabilidad legal, los trabajadores enfrentaban las consecuencias de una obra mal planeada. El proyecto que prometía unir al mundo hoy solo une los puntos de una trama de corrupción e incapacidad que ha costado millones de pesos y, lo que es imperdonable, catorce vidas humanas que la justicia oficial parece haber olvidado.