En una decisión que huele a pacto político, el Tribunal Electoral extiende el mandato de los consejos estatales de Morena; los actuales “dueños” del partido tendrán el mazo para decidir candidaturas clave sin que nadie los mueva.
La democracia interna en Morena acaba de recibir un tiro de gracia por cortesía del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF). En lo que solo puede describirse como un “regalazo” procesal, los magistrados han decidido extender la permanencia de los consejos estatales de Morena hasta el año 2027. Esta resolución no es un simple trámite administrativo; es la entrega oficial de las llaves del partido a las actuales dirigencias para que controlen, sin contrapesos y sin renovación, la designación de las candidaturas para los procesos electorales más críticos que se avecinan.
Con este fallo, el TEPJF ha blindado a las cúpulas guindas contra cualquier intento de rebelión de las bases. Al cancelar la renovación de los consejos, se garantiza que los mismos grupos que hoy detentan el poder sean quienes palomeen a los candidatos a gobernadores, alcaldes y diputados en 2027. Es el sueño dorado de cualquier burócrata partidista: gobernar el presupuesto y las candidaturas sin el “estorbo” de elecciones internas que pudieran refrescar los liderazgos. El Tribunal, lejos de fomentar la vida democrática de los partidos, ha optado por estabilizar a las élites de Morena a costa de la participación de sus militantes.
El mensaje que envía el TEPJF es devastador para la institucionalidad del país. Al otorgar este periodo de gracia, el Tribunal se convierte en el facilitador de un esquema de control absoluto donde la cúpula morenista podrá purgar a los disidentes y premiar a los incondicionales con total impunidad. Ya no hay necesidad de convencer a la base; solo hay que mantener el favor del consejo estatal que, gracias al Tribunal, tiene su silla asegurada por dos años más. Es la consolidación de una casta política que utiliza las instituciones autónomas para perpetuar su dominio sobre la estructura partidista.
Esta decisión fortalece el autoritarismo interno que ya se sentía en las filas de la 4T. Con los consejos estatales extendidos “por dedazo” judicial, el proceso hacia 2027 nace viciado, cargado hacia quienes ya tienen la sartén por el mango. Mientras Morena presume ser el “partido del pueblo”, sus dirigentes celebran en privado un fallo que les permite ignorar a ese mismo pueblo y decidir el futuro del país entre cuatro paredes. El TEPJF no solo le falló a la militancia de Morena, le falló a México al permitir que la democracia interna sea canjeada por estabilidad de cúpulas.
