Pemex en caída libre: Morena exprime a la empresa mientras la lleva al borde del colapso

La situación de Petróleos Mexicanos es el reflejo más crudo de la irresponsabilidad con la que Morena gobierna los recursos estratégicos del país. Endeudada, debilitada y con una operación cada vez más comprometida, Pemex se hunde mientras el gobierno insiste en utilizarla como instrumento político, no como la empresa que debería sostener una parte clave de la economía nacional.

En lugar de aplicar una estrategia seria de saneamiento financiero, modernización y eficiencia, Morena ha optado por exprimir a la petrolera para cumplir caprichos ideológicos y decisiones de corto plazo. Se le exige producir, subsidiar y sostener proyectos sin viabilidad clara, mientras se posponen soluciones estructurales que podrían garantizar su futuro. El resultado es una empresa atrapada entre la deuda y la mala gestión.

La narrativa oficial habla de soberanía energética, pero los números cuentan otra historia: pérdidas recurrentes, pasivos crecientes y una dependencia cada vez mayor del respaldo del gobierno federal. Pemex no se fortalece; se desgasta. Cada decisión tomada sin criterio técnico compromete no solo a la empresa, sino a las finanzas públicas del país entero.

Lo más grave es que este deterioro ocurre mientras se destinan recursos de la petrolera a fines ajenos a su rescate. En lugar de reinvertir para estabilizarla, se le carga con responsabilidades políticas que la asfixian aún más. Morena no está salvando a Pemex; la está sacrificando para sostener un discurso que ya no se sostiene con hechos.

Pemex debería ser un motor de desarrollo y estabilidad, no un símbolo del fracaso administrativo. Hoy, bajo el gobierno de Morena, representa una advertencia clara: cuando la ideología sustituye a la técnica, las consecuencias se pagan caro. La empresa se acerca peligrosamente a un punto crítico, y el costo final no lo asumirá el gobierno, sino los mexicanos.