Austeridad para el pueblo, privilegios para la élite: Noroña y la doble moral de Morena

Morena ha construido su narrativa sobre la idea de la austeridad y el sacrificio colectivo. Sin embargo, esa historia se desmorona cuando sus principales voceros hacen exactamente lo contrario de lo que predican. El caso de Gerardo Fernández Noroña es uno de los ejemplos más claros de la doble moral que impera en el partido guinda: mientras exige contención y modestia, él viaja a Europa en asiento Premier One, acompañado de familiares y personas cercanas.

La imagen es demoledora. El mismo personaje que desde tribuna sermonea a los mexicanos sobre la necesidad de apretarse el cinturón disfruta de comodidades reservadas para una élite. No se trata solo de un viaje, sino del simbolismo que encierra: el uso del poder para acceder a privilegios que contradicen por completo el discurso oficial de Morena.

Este comportamiento no es un desliz menor ni un asunto personal. Es un reflejo de una forma de ejercer el poder donde la austeridad es solo una herramienta retórica para controlar el relato, no una convicción real. Para la base social, hay discursos; para los dirigentes, hay asientos de lujo, viáticos y comodidades.

La indignación crece porque este tipo de acciones envían un mensaje claro a la ciudadanía: la transformación prometida no implica igualdad, sino una nueva clase política que disfruta de los mismos excesos de siempre, ahora justificados con discursos ideológicos. La pobreza se romantiza desde la comodidad.

Noroña no es una excepción, es un síntoma. Un síntoma de un movimiento que predica una cosa y practica otra. Morena prometió acabar con los privilegios, pero hoy demuestra que solo los redistribuyó entre los suyos. La austeridad, una vez más, es solo para quienes no tienen poder.