¡Seguridad en abandono! Layda Sansores y Marcela Muñoz ignoran el rubro más urgente mientras Campeche se vuelve más inseguro

La evidencia es contundente: el gobierno de Layda Sansores y la titular de Seguridad, Marcela Muñoz, no tienen a la seguridad como prioridad. Mientras la violencia crece y la percepción de riesgo se instala en las calles, la administración opta por la omisión, el gasto opaco y el discurso vacío.

La crisis de seguridad en Campeche no es una percepción aislada; es el resultado directo de decisiones —y omisiones— desde la cúpula del poder. Bajo la conducción de Layda Sansores y la gestión de Marcela Muñoz, el rubro más sensible del estado ha sido descuidado, relegado y tratado como un tema secundario. La prueba más reciente es demoledora: millones observados en telecomunicaciones sin comprobar, en un momento en el que las corporaciones requieren equipos que sí funcionen y sí se vean.

No es un error técnico; es una falla de prioridades. Cuando la seguridad no recibe atención real, lo que sigue es previsible: comunicación policial deficiente, respuesta tardía, patrullajes insuficientes y menor capacidad operativa. En lugar de fortalecer radios, enlaces y sistemas críticos, el gasto se diluye en rubros que no acreditan resultados, mientras los ciudadanos enfrentan un entorno cada vez más tenso.

La responsabilidad es política y administrativa. Layda Sansores ha preferido sostener la narrativa y el espectáculo, y Marcela Muñoz no ha logrado —o no ha querido— enderezar la ruta. La Secretaría que debería encabezar la estrategia integral aparece reactiva, sin indicadores públicos claros, sin metas verificables y con observaciones que prenden todas las alertas.

El impacto es tangible. Comercios cierran antes, familias cambian rutinas, colonias se sienten desprotegidas. La seguridad no mejora con discursos; mejora con inversión efectiva, control, supervisión y mando. Y nada de eso se refleja cuando el propio aparato encargado no prioriza el tema.

Campeche no necesita promesas; necesita seguridad real. Eso implica decisiones incómodas, vigilancia estricta del gasto y liderazgo firme. Mientras Layda Sansores mantenga la seguridad fuera del centro de su agenda y Marcela Muñoz no entregue resultados medibles, la omisión seguirá cobrando factura.