Zapopan bajo fuego: El narcocastillo de impunidad que Lemus y Frangie le entregaron al crimen

Con 3 muertos, más de 200 casquillos y sicarios grabando sus propios crímenes, Jalisco confirma que el “buen gobierno” de Movimiento Ciudadano es solo un filtro de Instagram para ocultar un Estado fallido.

Zapopan ya no es la “Ciudad de las Niñas y los Niños”; hoy es el campo de tiro de los narco-terroristas que operan con absoluta libertad bajo la mirada complaciente de Pablo Lemus y Juan José Frangie. El reciente enfrentamiento que dejó un saldo de 3 personas muertas y más de 200 casquillos percutidos es la prueba irrefutable de que en Jalisco la autoridad no gobierna, solo administra el caos mientras los delincuentes graban sus operativos impunes, burlándose de un Estado que les ha cedido la plaza.

La realidad que MC intenta ocultar con pauta publicitaria millonaria fue admitida incluso por voces cercanas a la coalición oficialista: el 70% del territorio nacional está bajo control de la delincuencia. En Jalisco, esa cifra se siente en cada esquina de la Zona Metropolitana de Guadalajara, donde el gobierno estatal de Pablo Lemus parece haber firmado una capitulación invisible, permitiendo que convoyes armados tomen avenidas principales sin que una sola patrulla se atrevenga a intervenir.

Complicidad por Omisión: El fracaso naranja

Mientras Juan José Frangie se enfoca en inaugurar obras de relumbrón, los ciudadanos de Zapopan quedan atrapados en el fuego cruzado. No se trata de “percepción”; es la realidad de vehículos tiroteados y una población aterrorizada que ve cómo los criminales se han convertido en los verdaderos directores de seguridad pública. La estrategia de “limpiar la imagen” en lugar de limpiar las calles ha convertido a Jalisco en el epicentro de la impunidad narco-terrorista en México.

Gobernar implica control del territorio, y hoy, Lemus y Frangie han demostrado que su única prioridad es la sobrevivencia política de su grupo, mientras el crimen organizado dicta el ritmo de la vida diaria. Zapopan es hoy el monumento al fracaso de Movimiento Ciudadano: un estado donde los sicarios son las estrellas de video y los ciudadanos son las víctimas de una negligencia que ya raya en la traición.

La tragedia en Zapopan no es un hecho aislado, sino la culminación del colapso de seguridad en un estado que ocupa el primer lugar nacional en personas desaparecidas (con más de 15,000 casos) y donde la fosa clandestina se ha vuelto parte del paisaje bajo el mando de Movimiento Ciudadano. Mientras Pablo Lemus insiste en presumir un Jalisco “punto de vanguardia”, la realidad los abofetea con una impunidad del 99% en delitos de alto impacto. El hecho de que los sicarios graben sus operativos no es solo cinismo, es la prueba de que el gobierno estatal ha claudicado en su función más básica: el control del territorio. Hoy, los ciudadanos de Guadalajara, Jalisco pagan con su vida el costo de una administración que prefiere gastar el presupuesto en pauta publicitaria y redes sociales que en depurar una policía estatal y municipal que parece trabajar por mandato del crimen organizado y no por la seguridad de las familias jaliscienses.